Friday, February 20, 2015

Real de Catorce (homenaje)

Nadando entre cortinas de humo de opio, con las venas rasgadas por intermitentes pulsaciones de ansiedad, con la sangre mezclada de alcohol; descansas entre el insomnio y la desesperanza, recuerdas aquellos días cuando la única virtud era torear los automóviles y besar a las mujeres de los demás entre complicidad de tus más cercanos amigos, tu jauría.
Sin más,  eras el número ochenta de la larga fila de amantes que ansiaban un cálido beso de Lila, aquella chica que no deseaba más que tronarte los huesos y vaciar tus bolsillos, y dejaron que dios atisbara por la cerradura.
Recuerdas cómo te sentiste en aquella primera vez que el amor te abandono en las afueras de la ciudad y te perdiste entre bares e historias urbanas, sin querer te convertiste en un cuento, nada te intimidaba, te daba por igual un puñal que rosara tu escuálido abdomen como el rozar de un puñal en el INFIERNO.
Tus evangelios ebrios, sin rumbo, con éter en el alma, con bandera de radical carroñero. Pero en el fondo sabiendo, que solo eres alguien que deseaba soñar, saborear la derrota, la tragedia, la perversión, la traición, el amor y desamor, el deseo y desdén, todas las mezclas que podrías vivir sin necesidad de leerlo o verlo por ahí, sino escritas con tinta de destino, en tu piel, en tus heridas, en tu alma. Navegado como un barco sin fronteras, con alma de niño, con cuerpo de viejo y experiencia de nada, cierras los ojos al rojo de la tarde,  con el alma borracha, suena el viento, buscas la medicina y como un halcón con polvo en los ojos, ves botellas de mar como una lección de vida.

Bizarro

Entro y salgo de esta casa a placer, conozco cada rincón tan bien que podría llegar a cualquier habitación aún en oscuridad absoluta, siempre he arriesgado mi vida de esta manera, entro a todas las casas que me place, no tengo nada qué perder, sé que mi vida no será larga.
Ahí está ella nuevamente ─aunque no se percata de mi presencia─ sentada en el mismo sillón, consumida hasta los huesos, callada, con esa mirada desconsolada que me estremece, con ese cojear que la distingue de los demás, siempre sola, metida en sus ideas, muriendo en silencio. Se tortura por su estado, ese llanto continuo, de dolor y angustia, al principio no comprendía, me repetía una y otra vez ¿Cómo es posible que se lamente tanto, teniendo todo y sintiéndose miserable a su vez? Con el tiempo su dolor me causó nauseas y al final se convirtió en lástima, me sentía más afortunado que ella, a pesar de mi estado patético para la mayoría de los hombres.
¡Ah!, quiero salir de esta anonimidad, darle lo que busca, porque sé que es su mayor deseo, pero no puedo, no podría, no debería. Bañarse antes de dormir, siempre tan limpia para nadie, el cuerpo que nadie
quiere. Deja la puerta del baño sin cerrar, empujo suavemente y paso entre vapor de agua caliente, ¡ahí está!, dándome la espalda, una corriente de aire penetra en la habitación y toca su espalda, se da la vuelta, me escondo mientras cierra la puerta detrás de mí, no tengo escapatoria ni marcha atrás. No sabe aún que estoy con ella
en la misma habitación, se seca y veo su cuerpo desnudo, la toalla es arrojada a un lado de mí. ¡Oh!, me ha visto y no se asusta, me mira fijamente, sus movimientos son cautelosos. No puedo escapar, mi corazón late muy deprisa. No puedo huir; toma el mango del trapeador ─con el que siempre seca cuando sale de ducharse─, y sin que pueda reaccionar siento los golpes en mi cuerpo, todo es rápido, no siento más, no puede ser que todo termine así.
Solo quería ayudarla, hablar con ella y darle lo que deseaba, un amigo. Era lógico que terminara así, a quién se le ocurriría adentrarse así y sin más aparecer, qué rata en todo el mundo se le ocurriría semejante estupidez…bueno se le ocurrió al más humano de todos los roedores… a mí.

Los Clasificados

Ella escribió un anuncio en el diario local…

Muchos leyeron sin prestar atención; pero lo cierto es que no era un anuncio cualquiera.

Él, no tenía la costumbre de comprar el periódico, menos un diario. Ese día por curiosidad adquiere uno.

No sabía donde comenzar, noticias locales, nacionales o internacionales, finanzas, sociales o como la mayoría hacía, hojear los clasificados; no tenía necesidad de trabajo, pensaba estaba bien.

Un anuncio en la sección de mensajes personales le llamo la atención, no le hizo caso. Llegó a su casa, dejo la publicación en la mesa.

El padre lo toma y hojea, nada importante las noticias de siempre, termina de leer y lo deja cerca del televisor.

La madre lo ve y lo usa para limpiar, la sección de clasificados se salva, en la última página de dicha sección se encuentran los crucigramas, juega, termina y lo tira.

El camión de la basura pasa muy de mañana, un joven toma el bote y la vacía; una hoja de papel periódico cae, no lo levanta, van atrasados.

El viento juega y el papel levanta el vuelo.

A tres cuadras, el escrito se detiene frente a la puerta de un joven quien levanta ese pedazo deformado de lo que alguna vez fue parte de un diario, lo hojea sin interés alguno, solo echa un vistazo… encuentra una nota, le llama la atención.

Toma su teléfono y marca el número impreso en él.

Se escucha del otro lado…”Creí que jamás me llamarías”.